Mirada (speed)

Pasa, a veces. Ponele que vos estás sentado en un bar que no frecuentás, digamos que tomando un café y leyendo el diario, completamente abstraído, haciendo tiempo. De pronto, ponele, se hace la hora. Levantás la vista y le hacés a la moza, porque en este bar atiende una moza, que está acodada en la barra, ese gesto de alzar el brazo y cerrar la mano como sosteniendo un lápiz, una birome, una pluma de ganso, para luego sacudirla en el aire, como trazando un garabato, una rúbrica, un firulete. La moza te trae la cuenta sin mirarte, sin mirarte te cobra, te agradece las monedas del vuelto que le indicaste que se guarde y se vuelve a la barra. Vos encarás para la salida y ahí, al pasar, ella, que no es la moza, que está sentada tomando un café o una sprite con su novio, marido, amante, amigo, pretendiente, secreto enamorado o simple circunstante, te clava la mirada, y vos te das cuenta que te mira, y ella se da cuenta que te das cuenta y te sostiene la mirada todo el tiempo que la trayectoria que llevás lo permite, hasta que alcanzás la puerta y salís a la calle, punto en que este retazo de historia se termina a los fines que nos interesan, así, diluida, como esas miradas azarosas que a veces una mujer le dedica a un hombre, vaya usted a saber cuál, un poco impúdicas, pero, desde tu punto de vista, inconsecuentes.